Mas nunca entendí el porqué de tu sufrir
cuanto más agónico era mi querer
tus ojos solo reflejaban asco y desolación.
cuanto más agónico era mi querer
tus ojos solo reflejaban asco y desolación.
Tus palabras calculadas para macerar cualquier resto de
felicidad e ilusión implantada en mi ser;
Reflejadas en tus palabras vi las bombas estratégicamente instaladas en los cimientos de mis valores.
Reflejadas en tus palabras vi las bombas estratégicamente instaladas en los cimientos de mis valores.
Con todo y eso es imposible olvidar la humedad de tu
entrepierna, lo firme y peligroso de la curvatura de tu cintura, lo
profundamente delicado y grotesco de esos senos tan únicamente tuyos, esa
degustación llena de líquidos que le hacía a tus nalgas, la sangre que se podía
saborear del desgaste que sufrían los labios.
Pretender que aquellas escenas nunca existieron es como apuñalarse
a sí mismo hasta perecer en una muerte lenta y prolongada.
Quisiera despertar sin esa daga incrustada en mi pecho;
incinerarla para nunca verla de nuevo, pero es tan agradable para la autoflagelación
que se convierte en un juego de incrustarla al fondo y retirarla, un juego que
no arroja ganador o premio en absoluto, tan solo la perdida de la cordura y la
sensatez, donde ni un dios que parece condenarnos si decidimos renunciar al
trabajo otorgado puede ayudar. Aun así es muy fácil criticar siendo simplemente
un espectador.