Disfruta La Vida

miércoles, 21 de enero de 2015

Refugio


Encadenados los pensamientos, atados y arrojados al fondo del océano.

Retiradas cada una de las opciones de escapar, reflejados en las notas de un piano sumergido miles de años atrás; levemente roído cargado de habitantes que danzan al son que el océano le propone al piano.

El sol deja destellos de colores que se posan sobre un do que suena como un fa y un sol que suena como un la; tonadas que pareciera que un músico profesional se encontrara presentado su último recital que su vida mortal le entrego. El pasar de las nubes lleva consigo la muerte del sol y el renacer de la luna dejando en oscuridad todo el lugar, creando una farola la cual solo presta su luz para ponerse sobre las estructuras gastadas de ese piano que clama la compañía de ese personaje que lo abraza con cada puesta de sol.

Pero no siempre hay calma, el océano entristecido y furioso crea caos y desolación y pena, elementos que de primera mano el músico interpreta de tal manera que pareciera que el día que se le dio el nombre a la destrucción nació.

Dentro de aquellos días un solitario y sutil suspiro puede causar el final de una metáfora mal contada, un suspiro de aquellos aterra al responsable; que crea tsunamis, terremotos, deshielo, muertes masivas tanto dentro como fuera de esos pensamientos olvidados, encadenados y arrojados en forma de piano que acaban con cada una de las motivaciones y/o/u ilusiones talladas en forma de leones que protegen el refugio de aquellos habitantes que protegen la integridad de aquel piano apenas iluminado por la farola de la noche.

Lo que a simple vista no se notaba era el desgaste de esos leones con cada tonada interpretada por la llegada de la noche, noche que llenaba al piano de esperanza por sentir su abrazo de color blanco que el día disfrazaba de colores.


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