Disfruta La Vida

miércoles, 21 de enero de 2015

Busca lo que ya no esta


Mas nunca entendí el porqué de tu sufrir
cuanto más agónico era mi querer
tus ojos solo reflejaban asco y desolación.
Tus palabras calculadas para macerar cualquier resto de felicidad e ilusión implantada en mi ser;
Reflejadas en tus palabras vi las bombas estratégicamente instaladas en los cimientos de mis valores.
Con todo y eso es imposible olvidar la humedad de tu entrepierna, lo firme y peligroso de la curvatura de tu cintura, lo profundamente delicado y grotesco de esos senos tan únicamente tuyos, esa degustación llena de líquidos que le hacía a tus nalgas, la sangre que se podía saborear del desgaste que sufrían los labios.
Pretender que aquellas escenas nunca existieron es como apuñalarse a sí mismo hasta perecer en una muerte lenta y prolongada.

Quisiera despertar sin esa daga incrustada en mi pecho; incinerarla para nunca verla de nuevo, pero es tan agradable para la autoflagelación que se convierte en un juego de incrustarla al fondo y retirarla, un juego que no arroja ganador o premio en absoluto, tan solo la perdida de la cordura y la sensatez, donde ni un dios que parece condenarnos si decidimos renunciar al trabajo otorgado puede ayudar. Aun así es muy fácil criticar siendo simplemente un espectador.

Refugio


Encadenados los pensamientos, atados y arrojados al fondo del océano.

Retiradas cada una de las opciones de escapar, reflejados en las notas de un piano sumergido miles de años atrás; levemente roído cargado de habitantes que danzan al son que el océano le propone al piano.

El sol deja destellos de colores que se posan sobre un do que suena como un fa y un sol que suena como un la; tonadas que pareciera que un músico profesional se encontrara presentado su último recital que su vida mortal le entrego. El pasar de las nubes lleva consigo la muerte del sol y el renacer de la luna dejando en oscuridad todo el lugar, creando una farola la cual solo presta su luz para ponerse sobre las estructuras gastadas de ese piano que clama la compañía de ese personaje que lo abraza con cada puesta de sol.

Pero no siempre hay calma, el océano entristecido y furioso crea caos y desolación y pena, elementos que de primera mano el músico interpreta de tal manera que pareciera que el día que se le dio el nombre a la destrucción nació.

Dentro de aquellos días un solitario y sutil suspiro puede causar el final de una metáfora mal contada, un suspiro de aquellos aterra al responsable; que crea tsunamis, terremotos, deshielo, muertes masivas tanto dentro como fuera de esos pensamientos olvidados, encadenados y arrojados en forma de piano que acaban con cada una de las motivaciones y/o/u ilusiones talladas en forma de leones que protegen el refugio de aquellos habitantes que protegen la integridad de aquel piano apenas iluminado por la farola de la noche.

Lo que a simple vista no se notaba era el desgaste de esos leones con cada tonada interpretada por la llegada de la noche, noche que llenaba al piano de esperanza por sentir su abrazo de color blanco que el día disfrazaba de colores.